“Me gusta el fútbol porque es tan impredecible como la vida”

Chatear con pablo garcia casado, una de las voces más relevantes de la ópera contemporánea, asiste a un curso de metáforas. Poeta licenciado en Derecho, al que le gusta decir que trabaja en la Filmoteca de Córdoba. La madre del futbolista (Visera) es su primera novela “breve y eficaz”, como al autor le gustan las historias.

¿Por qué decidiste dar el salto a la novela con esta historia?

Llevo veinticinco años escribiendo poesía. Empezaba a sentirme atraído por el músculo narrativo. La poesía era mi zona de confort y hasta que no me sentí cómoda con el proceso de creación de una historia, con sus personajes, no quería atreverme.

¿No es la poesía el género más complejo de tratar?

Todo es complejo. Con una metáfora, creo que la poesía es para velocistas, para correr 60 metros. Un novelista, por otro lado, es un corredor de campo traviesa. Los hay que hacen auténticas maratones y sagas. Tu músculo narrativo debe adaptarse a cada secuencia. En la poesía se arriesga más, todo es muy medido. La narración ofrece más flexibilidad y requiere una visión general. Sin embargo, en cualquier género hay que ser profesional.

¿Dónde está la intuición?

La profesionalidad no está reñida con la pasión. Es cierto que en todo escritor hay un componente intuitivo porque, a diferencia de otros campos, empiezas los personajes y no sabes qué va a pasar con ellos. En la novela, los personajes toman su espacio y se relacionan entre sí. Tienes que ser lo suficientemente flexible para ver lo que el personaje te pide y lo suficientemente ágil para llevarlo a donde quieras. Así que veo una mezcla de intuición y artesanía. Cuando se trata de literatura, me gusta hablar de manualidades. Es una parte muy importante de mi vida.

Esta historia nació durante el encarcelamiento.

Sí, salió en los primeros días. Cuando había pasado una semana lo abandoné, supongo que por el cansancio que todos sentían en un momento dado. Todos recopilamos proyectos en las primeras semanas. Hay quienes se han decantado por el yoga, las manualidades o la gimnasia. En mi caso, estaba escribiendo una novela (risas). Pero muchos de nosotros teníamos la cabeza tan cambiada que estábamos encerrados en jaulas en las que solo podíamos ver los barrotes. Hay quien lo vivió bien, pero yo estaba loco por irme. Nunca he comprado más panes en mi vida (risas). Entonces retomé el proyecto después de la pandemia y reconozco que no ponerme plazos me ayudó.

¿Cómo lograste la intimidad en ámbitos tan inusuales como ganarte la vida con el cine para adultos o debutar en el fútbol?

Cuando haces una novela tienes que ponerte en la piel de los personajes. Esto es muy difícil. Más que profundizar en los aspectos profesionales, quería saber cómo es la vida privada de estas personas. Me interesa saber qué le sucede a la gente cuando se apaga la luz, ya sea una actriz, un político o un guardia de seguridad. No por chismes, sino porque creo que la literatura es una de las pocas artes capaces de investigar estos secretos personales.

¿Hay un drama subyacente en esta historia?

Esto dice mucho, no lo sé. Al final, las historias están todas contadas. La relación entre madres y padres e hijos ha sido contada desde la antigüedad. Siempre son complejos. Son personas con las que pasamos mucho tiempo en nuestra vida, que creemos conocer, pero investigamos y resulta que no tanto. En el libro hay situaciones extremas porque los personajes hacen trabajos extremos y tienen que defenderse del efecto que generan.

¿Son cada vez más frecuentes los problemas de comunicación entre padres e hijos?

No sé. Estuve hablando de este tema con Octavio Salazar. La figura del padre se aborda de lado en la novela. Sí, es cierto que los padres de hoy no son como los de antes. Las madres de hoy son más jóvenes que las de generaciones atrás, están más cerca de sus hijos. Es que ha habido un fuerte relevo generacional en España desde los años 70. Ahora los padres son casi socios de sus hijos, algo inimaginable hace dos generaciones. La misma pluralidad de patrones familiares dará lugar a cambios en los patrones familiares y me imagino que esto dará lugar a una pluralidad de situaciones.

¿Calificaría esta obra como una novela social?

Bueno, no es una novela social al uso, como la que imperaba en los años 60 en España, con cierto discurso e intenciones políticas fuertes. Sí, es una novela con un peso social importante, pero trasciende para ir más allá del género. Otro elemento que continúa en la historia es la ausencia de dinero y su persecución. Es un cuarto personaje. Es el gran gestor y destructor de las relaciones sociales de nuestro tiempo.

El fútbol también está muy presente, ¿eres fan?

Mucho (risas). Además de mi hobby, juego. Más allá de eso, creo que el fútbol es una metáfora de muchas cosas además de veintidós personas pateando un trozo de piel. Suceden cosas extrañas como un empate, que por cierto solo ocurre en el ajedrez. La corbata tiene mucho que ver con la vida. En la vida, casi nunca ganas o pierdes, pero la mayoría de las veces empatamos. Hay dulces derrotas. También puedes jugar un juego muy malo y ganar. Esto es lo que me llama la atención. Me gusta el fútbol porque es tan impredecible como la vida.

Elogiaron la coherencia de la novela con sus colecciones de poesía.

Bueno, hay quienes me dijeron que mi poemario anterior era una pequeña novela. Siempre me han interesado los géneros híbridos. Mi poesía es muy narrativa, no es contemplativa. Cada vez me interesa más contar historias.

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