Publicidad y salario en el fútbol, ​​¿simulación?

jueves 4 de agosto de 2022

El trabajo deportivo es más propio de una columna que sale todos los lunes en este mismo espacio, pero hoy me encuentro frente a la autora Charria para compartir algunas reflexiones sobre un fallo que seguramente será uno de esos hitos en el tema.

Me refiero a la sentencia de la Casación de Casación Laboral SL2370-2022 con la que se resuelven las pretensiones de un jugador que reclama el reconocimiento como salario de la cantidad abonada por la empresa empleadora en concepto de prima publicitaria.

Antes de llegar a las conclusiones de la Corte, es importante precisar que es legítimo y legítimo reconocer unilateralmente o acordar de común acuerdo, nociones que no constituyan remuneración, siempre que su naturaleza y causa se ajusten a lo dispuesto en el art. 128 CST y toma forma, bajo el principio de la primacía de la realidad sobre las formas. Asimismo, es válido y legal que actos de derecho civil o comercial ajenos a él contribuyan al contrato de trabajo, sin distorsión alguna (art. 25 TPC).

Teniendo en cuenta lo anterior, al grano. La empresa ha pactado, dentro del contrato de trabajo, la concurrencia de un contrato de publicidad (art. 25 CST) por el que se otorga al jugador una bonificación no salarial (art. 128 CST). Sin embargo, lo reconoció y lo pagó regularmente, como parte del sueldo, y no se probó el nexo de causalidad entre la “publicidad” que el trabajador hizo con el contrato de los patrocinadores; además, en lo que respecta a la contabilidad, no se han aportado registros al respecto.

El club aseguraba que el anuncio estaba en la camiseta, por lo que cada salida al campo, cada partido disputado con el uniforme, era un anuncio de sus patrocinadores.

Pues bien, a mi juicio, tiene razón el Tribunal cuando expresa en los fundamentos de la sentencia que vestir la equipación del club forma parte de la prestación del servicio como trabajador, que al no haberse demostrado cómo se vinculaba esta actividad con el patrocinador, era obvio que era un acto de servicio. También tiene razón el Tribunal, aunque no en la sentencia, porque el uniforme es uno de esos elementos de trabajo que el empleador debe proporcionar para que el trabajador pueda realizar el servicio y porque, según las reglas del fútbol, ​​el jugador no puede exhibir hasta el partido con una equipación diferente, a la que el club ha acreditado como imagen para el torneo; no hay autonomía para esto.

Se añade la prohibición según la cual el trabajador debía abstenerse de realizar acciones publicitarias ajenas a la del círculo empresarial, y ésta si está en la sentencia, pactada como justa causa de extinción de la relación laboral.

Entonces, al no haberse probado la existencia del contrato de publicidad que contribuyó al contrato de trabajo, ni su causa, ni su objeto, ni las obligaciones recíprocas, pero se ha demostrado que existió un nexo de causalidad entre la prestación del servicio y los actos publicitarios y que en realidad se trataba de una contraprestación directa del servicio, la Corte concluyó que se trataba de una simulación y por lo tanto sostuvo que todo lo subsidiado por la publicidad es salario y base de prestaciones sociales y aportes al sistema de protección social.

Conviene, pues, no sólo aparecer, sino ser; Pues bien, como se muestra en este caso, la tarjeta no resiste todo y este precedente es una importante advertencia para los empresarios en general y en especial para los deportistas, ya que su hábito no es fuente de derecho y les puede traer muchas dificultades. Es una gran oportunidad de mejora revisar cómo se retribuye y, a su vez, cómo se mitigan los riesgos que pueden poner en peligro la rentabilidad de la compañía.

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