Teresita Gómez en una calle de Medellín

La historia musical de Medellín se ha construido a base de glorias, éxitos, ventas, mitos y una anécdota sonora impagable que merece ser contada. De la música country, la cumbia y los bailes de salón, la llegada del fenómeno new wave, la música tropical, la radio, el tango adoptado, los bares y heladerías, el rock incipiente, el medal punk, la industrialización, el medal metal, la música popular, la afición, la internacionalización, los cantautores , discográficas, héroes del sonido, sonidos alternativos, música electrónica, reggaetón y todo lo que suena en este valle musical.

Medellín, como su misma génesis de la violencia, los carros bomba, las drogas, los sicarios y la repercusión mundial, ha tenido una historia magnánima digna de producciones cinematográficas o literarias, así como la vida de personas que han cambiado para siempre la forma en que escuchamos y vemos la música. . .

Uno de ellos es la vida de Teresita Gómez, una de las pianistas más destacadas de Colombia y ejemplo de virtuosismo en la humanidad. Su historia parece una ficción inalcanzable, pero es una hermosa realidad digna de homenaje y aplauso.

A los pocos días de su nacimiento, la dejaron en una canasta afuera de la Fundación Universitaria Bellas Artes en Medellín, y allí la recogió amorosamente el portero. Lo han adoptado, lo han criado con gusto y desde su cercanía a la Fundación se ha acercado a la música. La pillaron tocando un piano sin permiso, por miedo se orinaba en la ropa y después de ese hecho la invitaron a estudiar y allí se quedó para siempre, viviendo de la música.

Su primer recital de piano solo se remonta a los 10 años. María Teresa Gómez Arteaga, o mejor dicho, Teresita Gómez, creó con sus manos piezas sonoras que son parte de nuestra identidad colombiana, su piel, como su música, tiene la resistencia de los años.

Ha estado en los escenarios más grandes del mundo, ha sido agregada cultural en Alemania, también ha sido atacada por el gobierno de Turbay y lleva más de setenta años al lado del piano y nunca se cansa. Ahora, pasados ​​los años, sigue contribuyendo a la construcción sonora y musical de nuestra idiosincrasia. Y precisamente por esta historia y por muchas otras por venir, es hora de darle a Teresita un aplauso más fuerte, de inmortalizarla de muchas maneras para que su eternidad quede enmarcada en su piano personal, en estas nubes suaves y en estas montañas que tocan el cielo. . Pero ahora, ahora mismo, es hora de que Medellín le devuelva tanto y todo, en agradecimiento a su fuerza revolucionaria, su piano, su melodía, su voz ronca y su piel negra.

Su nombre en una calle sería un hermoso homenaje para acompañarla mientras celebramos su vida y el poder mágico de sus manos. Su nombre en una calle de Medellín, para dejarla anclada para siempre, cuando ella y nosotros nos vayamos y el que venga conozca su historia, su voz y sus manos. Su nombre en una calle para tenerla allí, en vivo, frente a toda la ciudad, aplaudiendo sus años, sus ojos, sus manos, su rostro y esa fuerza creadora que sacó a Medellín de un profundo silencio. Vía Teresita Gómez para dar las gracias a nuestra gran pianista.

Se puede lograr?

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